"La imaginación está hecha de convenciones de la memoria. Si yo no tuviera memoria no podría imaginar". Jorge Luis Borges

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martes, 16 de febrero de 2021

Fragmento del cuento Amantes de abril


Boceto de Roque Vega titulado Al final de la calle 
"...el susurro de la calesita abarca aquellos días... late la nostalgia, todas sus calles confluyen en este lugar. Ahora, los caballos de madera se hunden entre los pliegues de un quejoso acordeón..."
Fragmento del cuento “Amantes de Abril”  Roque Vega

sábado, 13 de septiembre de 2014

El espejo

Boceto - Roque Vega

El espejo
Roque Vega
Silencio. Dos vueltas de llave y la clave de la caja. Guarda el llavero. Toma la copa, bebe dos sorbos. Cruza el salón, lo sigue el camarero  apagando las suntuosas lámparas. Se detiene frente al palco de la orquesta. Aquí y allá resuenan las sombras de los tangos. Se acerca al ventanal. Fija la vista sobre la avenida, se le antoja que esta noche se pierde en su trasnochado callejón del suburbio.
Regresa hasta el palco de la orquesta.  Enciende un cigarrillo. Detrás de él, el gran espejo  refleja la silenciosa madrugada, mostrándolo   en el centro del salón, detrás el palco, mesas, sillas el gran ventanal. El humo de cigarrillo empaña  su imagen ocultándolo entre breves sombras.
- ¡Hasta mañana señor!  Saluda la encargada del guardarropa. Un segundo después lo hace el camarero.
 -Hasta mañana, que descansen.
Acomoda su cabello, pasa varias veces la mano por el camino de plata, sonríe. En el fondo de la imagen el espejo se confunde  con  aromas y sonidos lejanos.  Esquina, charco y barro. Los pibes jugando, trompo, figuritas, barrilete. Los bolsillos  llenos de bolitas. Potrero, pelota y terraplén. Subido a un banco  espiaba bailar. Lo atrapaba el baile, la magia de la música y esos cosos del fondo bailando hasta el amanecer. Uno, dos, tres, cuatro,  repetía intentando  imitar los pasos.
Aroma a jazmín y madreselva, ecos de tangos que  fueron, voces que no están. Extrañas esquinas  confluyen en los rincones de su historia.
El silencio se recuesta sobre el espejo confundiendo el esplendor de salón con el pobre y brumoso vivir del conventillo. Boliche, billar, baile. Intenta encontrarse.
De un sorbo vacía la copa. Los ecos del salón musitan un tango. Risas, aplausos, noche a noche hacían ronda para verlo bailar ¡El rey del bailongo! Llego con rasposas pilchas y ahora… ahora se busca en el espejo. La lluvia  destiñe en gris   los años reos  sobre el patio viejo. Bajo el parral aprendió los primeros pasos. Cuando los pantalones largos y la Julia, la piba del fondo, lo hizo sentir hombre: -¡Vamos le dijo! y así aprendió el amor y  los pasos que lo llevaron lejos. La cortada, allá, ensayó quiebres y firuletes. Sobre esa esquina juró el amor que jamás cumplió.  Después el centro, luces, lujos, apresurados romances, pasiones y olvidos repetidos diariamente. Se hunde en el callejón, intenta caminar a pesar de saber que el tiempo todo se llevó,  tal vez, quizás quede algún sueño. Sonríe  al descubrir que su atorranta luna se desvanece sobre el horizonte.
La garúa sobre el viejo cabaret, aquí y allá quietud, silencio confundiéndose con su figura, esa, que el espejo  ya no reconoce.   

miércoles, 25 de diciembre de 2013

El andén

Boceto de Roque Vega

El andén
Roque Vega

Las sombras del patio le cuentan a la tarde; ya recostada sobre la enredadera, que  él aun la  extraña. No le importa cuanto le dijeron ni cuantas noches pasaron, y menos aun las veces que el viento golpeó las ventanas del recuerdo.
Es la hora, prepara la mesa, coloca dos platos, las copas y la fuentecita con el pan.
Hace tiempo que la espera se le hace sombra junto al jazminero. Luego, cuando se enciende la luna, gime el bandoneón; entonces, en la penumbra de su escritorio busca la carta  ¡Seguro, ella la envió explicándole….! ¡Seguro en esas líneas le cuenta el porque!  Sonríe, sabe que él es así, distraído ¡Quizás no  vio la carta…! ¡Se le traspapeló…  y  continúa sin respuesta, esperando  el tren de las siete!
¡Muchas veces los muchachos le advirtieron! ¡Y otras tantas se lo dijo Juan! ¡Tal vez  supo que le mintieron los besos, y por eso calló!
-¡El Pancho! ¡Si, los sábados Eduardo engalanaba el boliche, corría las mesas, armaba la milonga…! ¡Íbamos todos, era día de fiesta! ¡Copas, risas,  cigarro y baile! 
¡Pucha, está fría la tarde…! ¡Golpea el viento y allá, hacia el fondo de la calle, las luces iluminan extrañas esquinas!
Acelera el paso, Almafuerte, Ameghino y directo a la estación. Levanta el cuello del saco. 
Todas las noches regresa; cree que el pasado mira hacia el futuro…
-¡Vivamos intensamente esto! ¡No preguntes ¿Cuánto durará?! ¡Qué importa cuánto! ¡Un día no seré…..subiré al tren y me iré con la tarde…!
¡Si, ella lo repitió cada amanecer!
Los charcos sobre el andén reflejan la estática estación.
Baja la barrera.
-¡Regresa! ¡Hoy regresa! Se repite una y otra vez.
El silbido del tren se  confunde con las imágenes del boliche. Recién llegado a San Nicolás, un extraño con toda la vida por estrenar… La alegría  del trabajo, los amigos, aquellos mangos, la piecita que doña Susy le alquiló. 
Fue en el Pancho, recuerda  el rincón de la primera cita ¡Era un pibe! ¡Su  primer beso, esa tan íntima sensación del hombre frente a la vida! 
A lo lejos bandoneón y tren.
-¡Seguro, está ansiosa junto a la puerta, bajará buscándome, dirá mi nombre! ¡Si, esta noche si!
Changarín, pito, humo. Fija la vista; la mortecina luz refleja  desconocidos rostros pasando lentamente a través de los cristales.
El lejano silbido junto al hilo de humo se pierden rumbo al silencio.
Nuevamente el andén y él.
Cruza el terraplén con las manos en los bolsillos apretando olvidos.   El viento  balancea el farol de la esquina.  Calles desiertas, luces que se apagan, silencio. El frío azota su rostro. Apura el paso. 
¡Sonríe con broca  reprochándose una vez más! ¡Seguro! ¡Si, soy un distraído! ¡Seguro, se me traspapeló la carta!
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