"La imaginación está hecha de convenciones de la memoria. Si yo no tuviera memoria no podría imaginar". Jorge Luis Borges

jueves, 28 de abril de 2011

Cuento - Doña Catalina


DOÑA CATALINA


...¡Que va a ser  mi marido!... ¡Es el Agustín!… ¿te acordás?, el que vivía  al lado de la carnicería ¡la casa del pasillo largo! ¡esa!... la de rejas verdes.

¡¡¡El arquero!!! ¿Te acordás?  ¡¡¡Todos los sábados lo mismo!!! , él y sus amigos venían a jugar aquí, justo a la puerta de casa, y mi viejo siempre igual, no más llegaban y ya   salía a correrlos.
¡A la madonna! ¡Otra vez aquí!, ¡afuera aquí se duerme la siesta, me vuelven loco con esos gritos!…¡esa pelota!…. ¡Esa pelota! ..¡Afuera!   

Claro, ¡eran muchachos!
El Agustín era lindo pibe, tenía pinta, era el facha del barrio.

No, el  Agustín no es mi marido ¡que va a ser mi marido!

Una vez fuimos noviecitos ¡pero allá, hace mucho!
Apenas un tiempo, pero no,  no pasó nada, cada uno por su lado y todos a su casa.

Yo no tenía tiempo para novio. ¡Que novio! ¡Que novio iba a tener! si laburaba todo el día, tenía toda la casa encima, mis hermanos, la  Hortensia y el Jorge. Cuidaba a mi  viejo, y si sobraba tiempo, ¡era por milagro! ¡¡Que novio iba a tener yo!!


Y claro que si. Me hubiese gustado, pero él, él se  enamoró de la Lucia ¡y así le fue! , yo lo sabía, ¡¡¡él era buen chico!!! y la Lucia, vaya Dios a saber.

El Agustín, se mudó, se fue con la vieja, allá, del otro lado  del parque, y no lo vi por mucho tiempo.

Fueron años silenciosos, cada uno en lo suyo, pasaban los días y ambos deambulábamos  por el borde de lo cotidiano y así encanecimos.

Mirá vos, un día necesitaba comprar unas telas….y me fui para el otro lado del parque. ¡Y vos podes creer! ¡¡¡Allá me lo encontré!!!

Algo me dio ¡claro que me dio! pero me hice la tonta.

-¿Como estas Agustín? le dije indiferente.

-¡Todo bien Lina!  y vos ¿cómo estas?

-Perfecto, ¡Muy bien! Voy  a comprar unas telas a la sedería de don Victorio.

-Te acompaño ¿Querés?

-Y dale, si total tengo que ir igual, y la vereda no se gasta. Le respondí.

-Mira, te juro, yo sentí algo, no dije nada. Mirarlo, era encontrarse otra vez con todos los tiempos juntos. Despertar cosas viejas, el baile, ¡aquel! ¿te acordás? ¡En la casa Susana!  
Esa noche nos besamos, si, era lindo chico el Agustín.

-Vení,  seguime,  te estoy dando tanta  charla  y tengo que terminar de barrer el patio.
-Uy mirá esas hojas, ya empieza la época y me vuelvo loca, levanta que levanta, lo que ayer fue verano.

-Te decía, esa noche, la del baile en casa de Susana, mucho chamuyo,  mucho pico  y después que. Ya ves, se fue con la Lucia.


-¿Querés tomar un café antes de ir a la sedería? - me dijo.

-Yo que perdía. Sí,  le dije,  pero yo  no tomo café, si querés me convidás con una gaseosa.

-¡Todo bien!  Vamos.

-Cuando estuvimos a la mesa del café, así frente a frente: ¡que una arruguita! ¡Que muchas canitas! ¡Algo de pancita!

-Ya no corro,  ni hago tanto deporte - Me dijo.

-Quise reírme, pero me calle, ¡una es una dama! Y guarda la compostura,
-¡Siempre la guardé!, ¡la guarde por esto, por lo otro!,
¡Por el viejo! ¡Por mis hermanos! por lo de aquí y lo demás allá. Y al final, ya ves, de tanto guardar la compostura,  me quedé en esta casa barriendo el patio día a día.

-¿¡Qué te parece si el sábado vamos al cine!?- Me dijo.

-Mira Agustín -le respondí.

-¡Parece que el tiempo ha pasado! ¡y si no , mirame!
-Ni vos ni yo somos aquellos, eso quedó en el álbum de la Susana, aquel tiempo está guardado en el álbum de la Susana.

-Se sonrió. ¡No sabés!  La misma sonrisa, quise levantarme y caminar, caminar de prisa… Ir ya a lo del Victorio y correr  rápido para casa.
Se me venían cosas a la mente.

-Y, ¿Querés o no? -  ¡dale vamos al cine!

-¡Mira Agustín! , se me hizo tarde, tengo mucho laburo, y si no laburo,
no como , tengo que comprar las telas.

-Además, además un día te fuiste. Yo estaba en la vereda mirando el camión y te fuiste con toda la adolescencia puesta, esa, que ya dejaba presentir al hombre.
-Ese día, cuando se fue el camión, me quedé parada en  la vereda, no sabés el silencio del barrio. Pero pensar en eso, es  hacer resucitar las sombras.
-¡Gracias por la gaseosa!, ¡un placer haberte visto!

-Y me fui.

-Vos podés creer, ¡me siguió!

-Es que todos esos años, yo mantenía la casa, la vieja, el pibe, ¡y esa mina que me trastorno!  ¡Y eso nos hizo olvidar!

-¡Dale vamos al cine, Lina. ! Una vez, dale ¡

-Sabés que Agustín, no fue fácil,  pero aprendí, ¡aprendí a curarme de vos! -¡y ahora, no quiero volverme a enfermar!
-Buenas tardes, hasta la vista. ¡Esta película se terminó!

- Lina, Es que eran épocas difíciles, tanto lío nos quitó la posibilidad. Dale vamos al cine.

-Mira Agustín, la historia la llevamos puesta.
-Así que  ¡no  hace falta que me la recuerdes!

-Se quedó parado, me dio un papel con su teléfono,

-Llamame me dijo, llamame, si necesitas algo.

-¡Y claro!  Cuando  la Betty me dijo que se hacía la Kermese en el club, esa, para los chicos, y el beneficio del colegio ¡¡ se me ocurrió!! , ¿¡Y si llamo al Agustín!?

-En dos días, armamos el puesto con los muñecos, lo llenamos de chucherías.
-Trabajamos como descosidos, nos reímos, nos reímos tanto. 

Y es así, como hace cinco años, que el Agustín está en esta casa.

¡Pero no es mi marido!, ¡¡¡claro que no!!! ¡¡¡Que va a ser mi marido!!! 






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