"La imaginación está hecha de convenciones de la memoria. Si yo no tuviera memoria no podría imaginar". Jorge Luis Borges

domingo, 15 de mayo de 2011

Las Brazzi


“LAS BRAZZI”


“La simpleza del barrio,
aun brilla en nuestras miradas”

Afectuosamente a Nidia Lencina

Así  las llaman. Viven en el caserón,  a mitad de la cuadra. Pasillo largo al fondo. Adelante, está la gallega, la mamá de Javier, los que atienden el  despacho de vino y aceite.

Las Brazzi son eso, algo de allá, al fondo del pasillo.

Se las visita en  momentos muy especiales. Son bordadoras y planchadoras  de ropa muy fina.

Viven en esa casa desde siempre, pertenecen a la memoria del barrio.

Cuando se las necesita, Bety es la que atiende; es la más joven y también la más bajita de las tres. Muy amable, de pocas palabras, no le gusta conversar.  

Bibi, la mayor, casi no se la ve, siempre adentro, plancha y borda, borda y plancha, no es sociable para nada, te mira de reojo y sigue en lo suyo.

Violeta, la del medio, es la excepción, no hay acontecimiento, chisme o novedad del barrio, que no  sepa.

Violeta es coqueta, cabello ondeado, perfectamente  peinado, labios exageradamente pintados. Tiene labios finos y algo se pasa de los límites.
¡Es un personaje! siempre pre-dispuesta  para ayudar a los vecinos en lo que necesiten. Servicial, sonriente, ella no es como las hermanas: - Esas son amargas  me aburren-  lo dice a cada rato.

 Lo afirmo, un personaje. Según su conveniencia, y de acuerdo al tema que se trate, es absolutamente sorda -tiene el zumbido-  Como dice ella:
- repita por favor, tengo el zumbido, no lo oigo bien.

Uno sabe cuando anda cerca, el perfume que usa, llega mucho antes que ella.
-Ahí viene la Violeta, dice la panadera, que, dicho sea de paso, mucho no la traga, pero  se la tiene que aguantar, el cliente siempre tiene razón.

Violeta, vive las veinticuatro horas en guardia para el chisme. Anda con su inconfundible bolsa para los mandados.  Que Dios nos libre, tenerla adelante nuestro en la panadería, verdulería, almacén, porque, le da al pico,  y puede quedarse horas charlando.

Ella,  no plancha ni borda, hace rato que se encarga de los quehaceres domésticos, hay  tanto para hacer y cuidar.

Bety y Bibi, la miran de reojo,  les molesta la alegría que manifiesta, canta, tararea tango tras tango, y no solo eso, también  sabe las canciones de moda.
En cuanto entra a la casa,  aun, sin haber descargado la bolsa con la mercadería, comienza a recitar  el rosario de chismes.

-Saben que el hijo del doctor  está de novio.
-Y la maestra, no tienen idea lo que se dice.
-Claro ustedes siempre aquí adentro, si no fuese por mí,  vivirían en el limbo
-En el almacén lo escuche. Los  hijos de Inés, van a colegio privado ¿de donde sacará el dinero? digo yo.
-Susana y  el marido, se van para Italia, que suerte tienen

Las hermanas no responden, planchan y bordan, bordan y planchan. La miran de reojo y continúan  su tarea.

En voz muy baja, las vecinas, comentan cosas de las Brazzi.

Con ellas, vive un sobrino, Mariano, excelente jugador de futbol, un defensor de primer nivel, estudioso, bien educado, está en los dos equipos, el del colegio y el glorioso del barrio.

Violeta, es la única que lo acompaña a los partidos.
Ese muchacho es la luz de sus ojos  - juega tan bien ese chico- como lo quieren sus compañeros- No se cansa de repetirlo.

Mariano está terminando el secundario. Ella lo mima: un budincito, el trozo más grande  de pizza. Un pesito, que escabulle de los mandados  -el chico debe tener  su dinero.
Está orgullosa de sus notas.
- A Mariano le da el bocho, siempre lo  dice.
-¿A quien habrá salido? seguro que no es por el ejemplo de la casa,  porque nosotras tres, siempre andamos de corte,  lo digo, por eso de las luces.

Si, Violeta tapa a Mariano, lo tapa en las pillerías de muchacho y lo ayuda.

Ella es así, pizpireta, alegre, canta y ríe, creo que lo hace para no mirar adentro, para no perderse en el silencio de sus hermanas, canta y canta. Cree, distraer la realidad.

El barrio la mira, ella lo sabe. La miran y murmuran. Pero no le importa.

No sé si le gusta el futbol,  pero siempre está junto a Mariano, no hay partido que se pierda.
Además, durante los amistosos, en el potrerito, están todos los vecinos, y eso es la gloria para Violeta.




Ella lo sabe ,claro que lo sabe, no agacha la cabeza; pero si  recuerda, como lo recuerdan algunas vecinas, aquella vez, cuando sus viejos llevaron a Bety al campo, estuvo como un año, dijeron que era por la anemia, y de paso, se quedaba a ayudar a la prima Estelita, que esperaba un bebe.

Claro que lo sabe. Desde siempre murmuran. No hace caso, lo que interesa es el muchacho.

Violeta, mete alegría en la casa, quiere que el muchacho viva, disfrute, tenga  amigos, muchos amigos, que termine sus estudios brillantemente, que sea un hombre de bien.

Lo más importante, es, que siga  creyendo que, su mamá amó mucho a su papá. Que luego, él la abandonó,  y ella se fue con otro señor.
Profundamente desea, que Mariano, su querido Mariano, jamás dude, que las tías lo trajeron para darle lo mejor.

Violeta habla y habla, comenta de esto y lo otro, yo creo que lo hace para no herir, para no  indagar en el orgulloso silencio de la casa, o preguntarse, sin obtener respuesta, a quien salió  Mariano, tan alto, rubio  y con esos enormes ojos azules, siendo que  Bety, es tan petisa y morocha.

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