"La imaginación está hecha de convenciones de la memoria. Si yo no tuviera memoria no podría imaginar". Jorge Luis Borges

martes, 12 de febrero de 2013

El portón de las glicinas

un boceto de mi autoría
El portón de las glicinas

A través de la amarillenta cortina tejida al crochet, se filtra el último rayo de sol proyectando indescifrables dibujos  sobre la pequeña alfombra.
Amelia, por  un segundo  distrae su labor. Posa la vista sobre los extraños arabescos   hasta verlos desaparecer. La penumbra la obliga a encender la lámpara.
El muchacho, cruza el patio hacia su pieza.
-¡Me voy a jugar! Le dice al pasar.
¡Agarro el bolso y me voy!
Amelia deja el tejido sobre la mesita.
-¡Juancito! ¿Te vas sin comer nada? ¿Te hago una taza de leche?
- ¡Gracias, estoy apurado! Responde desde su pieza.
-¡Como quieras!... ¡No me cuesta nada preparar la leche! ¡Son cinco minutos!
-¡Gracias! ¡Ya me voy!¡ Hoy jugamos con los pataduras del mercado, le damos una paliza y después… ja ja ja!
¡No se preocupe! ¡Con Ricardo siempre picamos algo antes de ir a laburar!
Amelia sonríe:  -¡Este Juancito! ¡Esa pelota!
 Cierra la puerta  regresa a su labor.
Aguja arriba, aguja abajo, recuerda la noche que el muchacho llegó al conventillo.
Juancito vive en la piecita  frente a la cocina. Donde  vivió  el ruso. Cama de hierro, un pequeño ropero, puerta al centro con medio espejo. Junto al pie de la cama, la mesa y una banqueta.
Aguja arriba, aguja abajo, el día que llegó, lluvia viento y frío.
El gringo Roberto lo trajo del bodegón.
Le golpeó la puerta de la pieza.
- ¡Doña Amelia! ¡Doña Amelia! ¡Hay que llamar un médico!
Traía a Juancito en los brazos, lo apretaba contra su pecho intentando frenar el temblor.
-¡Congestión! Diagnosticó el médico al retirarse. - Debe darle estos medicamentos.
Aguja arriba, aguja abajo, se miraron  cuando el médico se retiró.
Recuerda que Luppe los sacó del apuro. Regresaba del laburo, traía algo de guita, y así vestida, con brillos y lentejuelas fue con Roberto a la farmacia.
Mingo, al sentir barullo se levantó. Apoyándose a la puerta, miró a doña Amelia, luego  al pibe y  preguntó: -¿Quien es este?  ¡Che! ¿Que te paso?
¡Sos un gilún pibe! ¡Mojarte así!
¡A quien se le ocurre andar por la calle a esta hora bajo la lluvia!
-¡Callate vago! Replicó Damián saliendo de su pieza ¡Callate, que vos no salís de la cama ni a palos.
Aguja arriba, aguja abajo
 -¡Pibe! ¿Cuantos años tenés? Sonríe al recordar su pregunta.
-¡Once! Creo ¡Así dice la doña donde duermo! 
¡Ella, contando con los dedos dice que saca cuentas y le da once! …¡Que sé yo!
¡Me duele la garganta! ¡Me da un poco de té!
Con el bolso al hombro, saluda:
- ¡Será hasta mañana!
¡Cuídese, no ande por afuera, no me haga enojar, mire que ya está refrescando!
Deja su labor. Por detrás del cristal lo ve desaparecer.
Aguja arriba, aguja abajo
¡Todos se fueron! ¡Primero la Luppe con el panadero! ¡Tuvo suerte esa chica! ¡Él es un buen hombre, trabajador!
Luego,  los tanos con sus tres hijos  ¡Como extrañé la risa de esos pibes!    
José y Damiana se fueron para un fin de año ¡Él encontró un laburo mejor y se mudaron a la provincia!
Dos meses después, para el carnaval, se fueron los gallegos. Regresaron a España, ella no se habituaba a estos lugares.
Aguja arriba, aguja a bajo, pieza a pieza se despobló el conventillo.
-¿Juancito querés pasarte a esta pieza? ¡Es más grande!
-¡No gracias, estoy cómodo! ¡Por lo que estoy aquí!
Aguja arriba, aguja abajo
¡Juancito trabajaba en dos lados! ¡Se hizo querer ese muchacho!
¡Poco a poco nos adoptamos!
Don Juan lo llevó a su taller, ahí mejoraron mucho las cosas.
Llegaba del trabajo, tomar la leche y a estudiar.

Aguja arriba, aguja abajo

Un domingo decidimos almorzar juntos, demasiado silencio en la casa.
Ahora Juancito fueyea en los boliches del puerto.
¡Los sábados a la noche  algarabía! ¡Festín familiar!¡ Cenamos juntos, bien temprano, antes que se vaya a trabajar!
¡Usamos el comedor! ¡¿Para quien lo vamos a dejar?!
Aguja arriba, aguja abajo
¡Los domingos me cuesta despertarlo!  ¡A él le gustan las pastas con estofado! 
¡Claro que le doy el gusto!
¡Cuando se levanta, ya tengo la mesa puesta!
Aguja arriba, aguja abajo.
-Juancito ¡Me gustaría ver a tus hijos! ¡Verlos jugar en el patio! ¡Disfrutar el sonido de la risa! 
¿Tenes novia?
¡Mirá que los años pasan y después…!
Aguja arriba, aguja abajo
-¡Sabe! ¡El Tito dice que tengo condiciones para el fueye! Estoy juntando guita para comprarme uno ¡Bien, bien  pulenta!

Aguja arriba, aguja abajo
Tango a tango lo vio crecer.
¡Llegaba del trabajo y a estudiar!
¡Tango a tango perfumó el patio distrayendo el vacío de la casa! 
¡Tango y futbol! 
-¡Gollllll, vieja!  ¡Gol de Boca! ¡Esaaa, vamos todavía campeón!
¡Cada gol me alzaba haciéndome girar si dejar de gritar!
-¡Feliz Navidad! ¡Miré que lindo vestido! ¡Estrénelo hoy!  Así una y otra vez.
Aguja arriba, aguja abajo
-¡Para Pascua la llevo a almorzar al Boliche del Mingo!  ¡A la tarde rompemos el conejo de chocolate! ¡Tome, ahora póngalo sobre la cómoda! 
Aguja arriba, aguja abajo
-¡Juancito no te demores! ¡Hoy carne al horno con papas y batatas! ¡Y después flan casero, como te gusta a vos! ¡Feliz cumpleaños muchacho!
Aguja arriba, aguja abajo
-¡Mire vieja, que flor de pilcha le compré! ¡Mire  que linda cartera haciendo juego con el sacón!
¡Va a estar sentada como una reina, en la primera fila! ¡Su muchacho debuta el sábado!
Aguja arriba, aguja abajo
¡No me ande por afuera! ¡Está haciendo frío, no me haga renegar! ¡¿Me escuchó vieja!?
Sonríe
Al quedar sola regresa al patio, intenta encontrar el inconcluso poema.
El tango aun roza sus labios junto al portón de las  glicinas.
Se perdió la tarde que debió doblar la esquina de su juventud.
Luego, la fábrica y la espera la gastaron.

Distraído por la brisa, se aleja el último resplandor de la tarde.

Enciende la amarillenta bombilla del patio.
Hoy, al igual que cada atardecer, inventa ganas de intentarlo otra vez.
Se resiste a aceptar otra noche así porque si.
Insiste, porque tal vez la búsqueda le permita  continuar de manera diferente. 
Deja el tejido sobre la mecedora.
Por un segundo se observa en el ovalado espejo, repasa su frente con el dedo índice.  
Ahora prefiere el silencio ¡Aunque recuerda, claro que recuerda!
El silencio de la casa le permite la fantasía  ¡Esta segura! ¡Él permanece  disimulado en algún rincón del patio!
Va hacia la pieza grande, ahora es el comedor.
¡En esa pieza vivió  Domingo y Angelina. Se mudaron cuando nació la nena!
Enciende la radio.
¡Si, recuerda aquel domingo, la llegada y luego, luego la partida!
¡La tarde que él llegó, el patio estaba cubierto de glicinas. Es la imagen que intenta rescatar.
Un mundo de ilusiones, alegrías, promesas, luego todo fue silencio, ese que deja la torcaza cuando levanta vuelo.
Desde el comedor la radio murmura tangos. Pincela los silencios de la casa susurrando  historias.
Como tantas veces, intenta  reinventar la tarde que se llevó la esquina de su juventud, y así, una y otra vez el patio se le hace madrugada recostando el poema sobre el rincón de la ausencia.
Hace fresco, está por amanecer.
Comprende lo absurdo de la  espera,  a pesar de eso aun le queman sus brazos, el beso robado, las efímeras alegrías  y el tango sin antes ni después.
¡Es su tenaz reincidencia la que no  permite que la ausencia sea olvido!
Insiste, porque  no recordarlo sería no recordarse.
Las sombras del bandoneón aletean sobre el patio.
Domingo a la tarde. Bajó la mirada. Apuró el mate.
Sin levantar la vista se acercó a él  ofreciéndole uno, el ala del sombrero apenas le permitió presentir la mirada.
Él tomó la guitarra y cantó.
Luego, cuando la luna acunaba el jazmín, partió.
Recorre el patio reinventando una y otra vez esa tarde, hasta que  amanece sobre el portón de las glicinas.
¡Ahí le juro que la amaba! ¡Junto al portón  vivió toda la felicidad, la única que conoció! ¡Creyó alcanzarla en cada abrazo, la pudo acariciar, tarde a tarde, beso a beso, promesa a promesa!
El patio se adormece en la niebla del amanecer.
Sonríe ¡Guitarra y fueye invaden la casa! ¡Mezcla de idiomas! ¡Es la fiesta! ¡La de todos los domingos!
La negra baila al compás de la música, el gringo tararea mientras, Angelina, su hija, intenta  imitar los agitados contoneos de la negra.
Mate, guitarra, fueye. El tango gira. El patio se llena de risas.
¡Él canta, canta para ella!
¡La busca, la abraza, ríen! ¡Luego, el infinito beso, el néctar de sus labios, el brillo de sus ojos  bajo un cielo de glicinas!

-¿Vieja otra vez aquí?
¡No me haga renegar! ¡Por favor, levántese de ahí!
¿Qué está haciendo? ¡Venga hace frío! ¡No me haga esto vieja!
¿Que hace en el suelo?
¡Venga, vamos hay que descansar!
Ella ríe, mira hacia atrás y ríe señalando  el rincón.
-¡Desde aquella tarde, esta ahí y en todas partes! Dice.
Tomándola  por el hombro le susurra:
 - ¡Venga vieja, hace fresco, le preparo la leche y después  hay que dormir!
- ¿Lo ves Juancito? ¡Está ahí! ¡Regresa cada noche…!
Ríe, lo busca con la mirada.
Ríe, porque aun el tango roza sus labios  junto al portón de las glicinas.
Visitar: http://roquevegacuentos.blogspot.com.ar/



4 comentarios:

  1. "aquel que un domingo..."

    La espera y la distancia se tejen siempre aguja arriba y aguja abajo.

    Un abrazo.

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  2. Aguja arriba, aguja abajo,
    con el tesón de la siega,
    a fuerza de fe y trabajo,
    labura don Roque Vega.

    Un abrazo.

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  3. Agradezco intensamente los comentarios con sus bienvenidas palabras.
    Saludos,
    Roque Vega

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